sábado, octubre 14, 2006

El típico derrame cafetero



Puse la cafetera en el fuego. El diámetro de su base era menor que el del hueco de la rejilla de la encimera, así que la posé directamente sobre el fogón. Es una de esas pequeñas, de dos servicios, que suelta dos chorritos y hay que colocar sendas tacitas debajo para recoger el café.

La dejé calentándose y al rato volví. Había tardado poco en hacerse. Ni corta ni perezosa, me dispuse a coger una de las dos tacitas (la otra pensaba reservarla para más tarde), sin considerar que esta hacía contrapeso de la otra. Se volcó la cafetera con la taza. Se derramó todo el café por la encimera. Era su destino inexorable, un suceso indefectible.